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Señoras

Julián Herbert

Texto para la exposición Señoras, 2006.

Aunque más femeninas que geométricas –danzarinas detenidas con decadente garbo en el almidón de su silueta accidentada–  estas señoras me hacen pensar (vistas de pronto, distraído así, como el simple pasajero que ahora soy) en triángulos. Me pregunto, ¿qué hacen en la movilidad modulada de este transporte semejantes señoras, al mismo tiempo tan ajenas al panorama y tan hechas ellas mismas paisaje; sin mirarme nunca, pero mirando como si me hablaran desde otro mundo, un mundo en el que la personalidad se parece al teorema de Pitágoras: una parte matemática, otra mágica?... Señoras triangulares, porque es a esta forma a la que (desde mi ángulo) se aproximan más llanamente sus siluetas. Y, también, porque su energía triste se percibe casi toda a través de un misterio trinitario:
 

En principio la mancha, el accidente como riel de fondo; la anatomía sin asideros, el cuerpo que, sin ser aún dibujo, sostiene sin embargo toda noción de forma. Luego el patrón, el diseño, el vértigo de una superficie cuya forma se repite hasta la inmovilidad: mitad-ritual/mitad-vestido, reiteración de unos cuantos trazos que, sin dejar de ser adornos, pueden también leerse como símbolos o runas. Y, por último, manos y rostros: gestos y ademanes cuya expresividad casi sin rasgos coagula la mirada, la centra en un relato que quizá no sea posible traducir en palabras, pero cuya intensidad se asemeja a la de retratos en blanco y negro de bellos y elocuentes fantasmas.
   

Desde su triángulo de elegancia quebrada, desde su inmóvil tránsito hacia la desaparición, más femeninas que geométricas –pero sobre todo áureas–, estas señoras me hablan: sin mirarme.

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